Parque de emociones…
Hace muchos años, transitaba por el paseo del Cid una pequeña niña, una curiosa figurita de rasgos asiáticos. Corría por el lugar con una ternura, una sonrisa y una gotita de lágrima en el ojo izquierdo. Una bella canción envolvió el momento, miradas expectantes surgieron en el entorno de la singular pequeña nipona.
Tenía un objetivo bastante claro, no sabía cómo se resolvería semejante emoción en un pequeño cuerpecito de ojos medio abiertos. Su meta era un parque que rodeaba el oscuro lugar de donde salía, se veía de frente, era un sitio distinto y colorido; un lugar donde relataría el sube y baja de sensaciones e ilusiones. 
La niña y su parque de emociones habían permanecido recluidas y explotadas durante mucho tiempo por soldados occidentales. El puerto de embarque y desembarque tenía el nombre del Cid.
Son las emociones que nos envuelven, aveces nos presionan, te deprimen o te inducen a ser lo que en verdad deberíamos ser. Es un parque donde encontramos lágrimas, sonrisas y muchas veces donde nacen nuevos sentimientos.
En algunas oportunidades hablamos del amor y creemos saber absolutamente todo acerca de ese algo, un suspiro que por muchos instantes convierte los sueños en realidades latentes, cobran vida y nos devuelven la pasión, el romance, y cómo no, la bella canción que envolvió el momento clave de nuestra vida.
Llevamos recuerdos a bordo sin justificar el peso y el valor que tengan, simplemente las acogemos como grandes señales de existencia y posibles desastres que nos impidan llegar al sueño anhelado; correr y disfrutar de nuestro pequeño y curioso “Parque de emociones”.
By. Alessandro Cáritas